jueves, 6 de septiembre de 2012

Buda, no te arranques el deseo


Desearía a travesar colinas, rodar y desangrarme en su bajada.

Desearía dormir envuelta en hojas de lapacho, desearía que se junten todas sus variedades y ruboricen mis pómulos.

Desearía aspirar la hierba pura y que desintoxique la miseria que vieron mis ojos, las mentiras que resignaron a mis oídos, el falso abrazo que sintió mi angustia, la poesía forzada que me dio esperanza.
Y al cantar en medio de la nada, sola con la claridad de la luna; expulsar. Aspiro con siseo una bocanada de aire y lanzo corcheas que se trasforman en semifusas, y cada vez más rápido, más ligero. Mi música se volvió psicodélica, y todo a mí alrededor es tan confuso; los colores, los movimientos, las formas, las palabras que recrean Babilonia, el ejército de búhos y escarabajos que salían de su guarida. De repente todos lo que habitaban en ese místico lugar salieron y elevaron su plegaria al Universo.

Y ví a los animales viviendo la humanidad más que el propio ser humano.

Entumecida, desnuda, con la cabeza arriba yo deseé que el Misterio me empape. Y las gotas que cayeron se llevaron mis miedos.

Y yo deseé…
Deseé morir en ese instante. Porque mi sonrisa duchenne por primera vez fue sincera.

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